CINE DE BARRIO

El acomodador estaba tan enamorado de la taquillera, que una noche compró todas las entradas de la sesión golfa. Quería hacer el amor ricamente en la primera fila, repitiendo en su oído todas las escenas que había aprendido en la gran pantalla.

No contó con la presencia del proyeccionista. Tuvo que conformarse y compartir. Hicieron un trío.

Años más tarde el cine de barrio cerró sus puertas, obligado por la crisis y el top manta. La taquillera y el proyeccionista abrieron un videoclub ruinoso. Sólo tenían un cliente: el acomodador.

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7 comentarios en “CINE DE BARRIO

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