CONSECUENCIAS DE LA CRISIS FINANCIERA EN EL ÁMBITO DE LA PRECARIEDAD LABORAL

La crisis las obligó a delinquir. Su delito fue organizar viajes clandestinos a París. Nocturnos, de ida y vuelta, sin escalas. Recogiendo y entregando los pedidos en la misma noche, saltándose las fronteras, las aduanas,  los formulismos y los plazos.

Las autoridades locales en particular, y Bruselas en general, metieron mano en el asunto. Legislaron lo que nunca se había legislado. No podían consentir que un colectivo de transportistas, con un servicio de mensajería tan tradicional y milenario, dinamitara todos los protocolos; se anarquizara a estas alturas de la historia.

La C.E.E., la U.E., la O.N.U., la U.N.I.C.E.F. y una miscelánea de organismos parasitarios se pusieron manos a la obra. Ofrecieron subvenciones, para igualar los salarios. Ofrecieron deslocalizar la producción en otros continentes, para incluir trayectos de largo recorrido e incrementar el empleo. Ofrecieron auditar constantemente a las multinacionales caucheras del condón y a las industrias farmacéuticas de las pastillas anti baby. Ofrecieron expulsar de la vieja Europa a los esquiroles recién llegados de otras latitudes, en especial a los cormoranes, a los pelícanos y a los flamencos.

Los sindicatos no se pronunciaron. Como siempre.

Pero aún así, con todas estas (ineficaces) medidas en marcha, el motín del empleo sumergido ya estaba en todo su apogeo, e iba a ser imposible detenerlo. La temida tercera guerra mundial (la del sub- proletariado) estaba gestándose de un día para otro.

La baja natalidad europea obligó a las cigüeñas a delinquir, a buscarse la vida.

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NOTA: Texto basado en el cuento mentiroso que un papá coloca a su hijos cuando quieren saber de dónde vienen los niños, y éste les dice que vienen de París, en lugar de dar la explicación coherente de que son fruto de un amor, de un descuido, de una noche de tequilas, de un proyecto futuro, de lo que sea.

Asimismo todo el mundo sabe que muchos bebés europeos se compran en los orfanatos de Asia, África y Latinoamérica.

COLORES (cuento infantil)

Conozco gente que tiene la piel de color azul, y no son muppets. Los he visto de color verde y no son militares.

Otros son de color tinto, de color rojo, de color carmesí, y no viven entre infiernos ni volcanes. También conozco varios que llevan el negro por dentro y por fuera, en las ideas y en las mejillas, y no son ni tahúres ni africanos.

Otros muchos serán (a su pesar) de color gris, de color humo, de color ceniza, y no han conocido a Momo.

Y algunas personas son camaleónicas que mutan de tonalidad a conveniencia, trabajan en oficinas, en consistorios, en parlamentos.

Sé de alguien que incluso se ha bebido un bote de témperas para encajar en su puzle particular, que se ha comido una caja de crayones para desfigurar su momento. No es toxicomanía, simplemente es un enamorad@.

Pero, qué quieres que te diga, me llevo mucho mejor con los MULTICOLORES, con los que arrastran su arcoíris todos los días, con los que sufren su pantone policromado en cada palabra. Están en la calle, junto a mí, junto a ti.

CANSANCIO

Harto de coños con sabor a Marlboro light, con un sahumerio sudoroso de madrugadas (futuras), con ecos (pretéritos) del tráfico (presente) de taxistas (mentirosos) al final de su turno, con manchas (delebles) de casados (aburridos) que quieren ser solteros todos los días (fines de semana), con estigmas (invisibles) de cuarentones (deprimidos) que quieren ser veinteañeros (impacientes) antes de la derrota inevitable del tiempo…

Necesito dormir, donde sea-con quien sea, cuanto antes.

SOUVENIR

En cada regreso te traía un regalo-soborno: un llavero de piel italiana (vera pelle) a cambio de una de mis mentiras, una taza de café sin cucharilla a cambio de una de mis historias de una noche, una postal con atardeceres trucados a cambio de una factura de hotel con habitación doble y desayuno incluido.

La ilusión de tu cara, frente mis cachivaches baratos, superaba mi arrepentimiento y enmendaba mi degradación.

Tú nunca me regalaste nada, tampoco viajabas mucho, pero cuando volviste de Washington y llegaste vestida con aquella T-shirt, supe que me habías derrotado.

El slogan de la camiseta, seriegrafiado en naranja sobre fondo negro, era premonitorio: The future is in mi pussy. Find it.