(mi) EFECTO MARIPOSA

Cincuenta y cuatro generaciones de Trástamaras y sus diferentes ramas (Avís, Habsburgo, Borbón y Braganza) han reinado durante siglos en Europa con un sólo propósito. Desde el siglo XII hasta nuestros días, tooooodas sus acciones han estado encaminadas a dejar los cimientos bien asentados para ese proyecto, a prever actos y consecuencias que cientos de años después reflejarían un resultado. Pero lo misterioso del asunto es que ni ellos mismos lo han sabido nunca. Es un código marcado genéticamente no se sabe porqué.

Sólo una pariente lejana de este real clan (María Eugenia de Montijo, 1853-1871, emperatriz de Francia y madrina de la reina Victoria Eugenia de Battenberg) se descantilló un poquito de la secreta misión encomendada. Sepan que en vez de estarse quietecita como todos sus bisabuelos le dio por ser activa y oscilante: Se casó con uno de los Napoleones (el más calzonazos, seguro), los agostos se los pasaba en Biarritz (entre gigolós y mamporreros) enseñando chicha, hizo que nadie olvidase en aquella época a su admirada María Antonieta (un pendón de primera categoría, según las biografías), se saltó a la torera todos los protocolos y cuando le venía en gana sentábase en el trono francés -¿ya he dicho que su marido era un calzonazos?- dirigiendo el porvenir a su antojo. Era ansiosa, siempre tenía prisa y encargó a un primo lejano (Fernando de Lesseps) que le acortara el camino entre los continentes, el primo –enamorado hasta el tuétano- acepto y abrió una brecha increíble entre Europa y Asia, cicatrizando con agua de mar un trozo de Egipto (Canal de Suez). También se cepilló a Maximiliano I, emperador de México; no es que se lo tirara salvajemente una noche loca de verano, lo que sucedió es que le envió a pelear con los mexicanos y éstos no estaban por la labor de dejarse invadir por los franceses (¡vaya desagradecidos!). Asimismo se encaprichó de un médico de provincias y le pagó todos sus vicios: alambiques, probetas, artilugios de botica, cadáveres para experimentar, minerales raros, etc. (Louis Pasteur); años más tarde el médico de provincias, correspondiendo a sus favores, le regaló un par de caniches con el siguiente mensaje: no te preocupes si te muerden, estaré yo para lamer tus heridas.

Bueno, a lo que estábamos, que me lío. Miles de hechos inconexos tienen un fin común. Toda la mencionada cuadrilla de reyes, barones, vizcondes, marqueses y demás real ralea, provocaron guerras y zafarranchos, separaron tribus y territorios, engendraron tarados y prodigios, convencieron con artimañas desconocidas a la reina Isabel la Católica para que se fijara en aquel marinero italiano (Cristóbal Colón, algo mariconcete en sus vestimentas), con urdimbres palaciegas consiguieron que le proporcionara barcos y remeros a tontas y a locas; después enredaron, no se sabe cómo, al susodicho genovés para que errara el destino de su viaje y se tropezara con el Nuevo Continente, y ya puestos para que Américo Vespucio se forrara redibujando el mapamundi unidimensional más completo esbozado hasta la fecha.

Un puñado de españoles (sevillanos sibilinos, cacereños hambrientos, gallegos desubicados, vizcaínos resabiados, además de patibularios, estafadores e inconscientes) se lanzaron destrozar esa nueva tierra, a rebuscar hasta en el último rincón los tesoros que nunca encontraron; los ingleses, los holandeses y algún que otro descastado europeo también pusieron su granito de arena, no te creas. Todos han seguido jodiendo la marrana durante esta vida para concluir sus designios hasta el día de hoy. Guerras mundiales, años de crecimiento económico, epidemias, olimpiadas, terremotos, crisis energéticas, viajes a la luna, videojuegos epilépticos y cualquier hecho que remueva las tripas del planeta, cualquier tipo de intriga o evento ha servido para finalizar su intrínseco cometido. Siempre con la máxima maquiavélica: el fin justifica los medios.

Y todo esto ¿para qué? Yo lo sé. Yo lo he descubierto. Yo -que no tengo nada que ver en este “fregao”- soy el último eslabón de esta cadena intemporal e intransitoria.

Sí, porque a mí me ha tocado en suerte saber que al otro lado de los océanos habita una hembra de carácter fluctuante y piel canela; que prefiere conseguir las cosas despierta a soñar con ellas; que Dolce & Gabbana se han atrevido –putos- a robarle una gota de sudor para inventar perfumes; que me regala (mezcladas entre el burbujeo de los salmones salvajes) moléculas de ensueño, a mí que no duermo desde hace varias navidades; que me habla con palabras de colores; que me cambia el aburrimiento del día a día por momentos de fantasía con sus esferas; que me troncho de risa con sus trabalenguas; que duerme con dinosaurios del pasado; que sabe hacer música con las clavijas del teclado; que no es tan dulce como parece ni tan ácida como presume; que tiene unos ojos que no son de este mundo; que sueña continuamente con naufragios y yo estoy aprendiendo a reflotar todas las carabelas que andan hundidas por esos mares; que…

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28 comentarios en “(mi) EFECTO MARIPOSA

  1. que… hace intentos fallidos por maullar; que está viendo mucho cine de horror; que no sabe navegar; que la unión de dulce y sal la sujetó; que está dejando de callar; que a diario se reinventa; que toma gotitas para la hiperlocuridad; que entre pairos y derivas…

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