OJALÁ

 

Voy a meter mi hocico donde nadie más lo haya hecho nunca, sin miedo, a lo burro, hasta que digas basta; pero no te obedeceré y seguiré comiéndote desde los dedos de los pies hasta las orejas, y no contento volveré a empezar, frenando en seco y derrapando en los sitios que nadie te ha descubierto todavía: en las esquinas invisibles de tus esferas, en las compuertas verticales que contienen tus océanos, en la fresa salvaje, triangular y depilada que (me) espera. Moriremos y resucitaremos en cada pequeña muerte.

Aún cuando los relojes de invierno se vistan de verano yo continuaré mordiéndote.

Aún cuando improvisen sintagmas zurdos para describirnos yo continuaré mordiéndote.

Aún cuando me denuncien, me apresen y me encarcelen por carnívoro yo continuaré mordiéndote.

Y cuando me suelten enterraré mis miedos, volveré a ti para cometer el mismo delito, para reincidir; pero esta vez seré todavía más imprudente: iré armado con una risa, con mi libro de instrucciones, con un pasaporte y con una caja de condones.

 

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