NOCTE (opus primum)

Sonata improvisada a cuatro manos, sin instrumentos, sin acordes, sin música. Solamente risas –muchas- y palabras –casi la misma cantidad-.

El preludio había sido cordial, educado, risueño. Con un tempo allegro moderato por mi parte (nervios o miedo a romper la magia), por la tuya era un tempo sostenuto e quasi vivace (estrategia pura y dura o que sabes bien lo que quieres).

Entre caña y caña llegamos al interludio, creo que nos fuimos igualando y conseguimos una cadenza andante, entre risa y risa no despejamos la incógnita ni resolvimos la ecuación; todavía era pronto. Quizás por eso no recuerdo como se llamaba la mierda de pizza que nos comimos ¿Minnesota, Wisconsin, Kazajistán?

Toda ópera necesita tres actos y ésta no iba a ser menos. Los últimos compases empezaban a sonar.

La brisa de la media noche era tibia, de un febrero extraño. Mi hostal estaba cerca, lo suficiente para abandonar la fase UNO e instaurar de manera bilateral la fase DOS. La noche anterior se me había cruzado un gato blanco tras el cristal dándome el indicio subversivo de que a ninguno de los dos nos gusta dormir.

Tu manera de mover el pelo, el sonido de tu taconeo sobre los adoquines diciendo “aquí estoy yo” y la forma que tienes de nadar sabiendo guardar la ropa, me hicieron recular en la ejecución, ralentizar el ritmo, dejarlo en un modo morendo. Aquí habría acabado todo: aplausos, carreras entre bambalinas, bajada de telón, algún saludo de nunca jamás al respetable, etc., Pero no te podías callar, tenías que llevarme hasta el desfiladero, hacerme sentir el vértigo que dibuja tu sonrisa contagiosa, mordiste diciendo: “Que te vaya bien…” (qué zorrón(1) !!)

Esa frase o mi instinto animal, ese tono o mis estúpidos impulsos (llámalo como quieras) provocó el movimiento final e imprevisto. Una molécula de adrenalina peleaba hipotálamo adentro por decidir cuál de las dos opciones perpetrar: una, robarte el bolso; dos, llevarme un recuerdo. Triunfó lo inmaterial y ahora tengo algo que saborearé en futuras noches de insomnio, cuando aprenda a vivir sin postdatas.  

NOTA: La celebración de mi pequeña victoria me impedía girarme y ver como tu taxi se fugaba Gran Vía abajo, pero tú tampoco te diste la vuelta, me apuesto lo que quieras, incluso me jugaría una noche perfecta.

(1) zorrón: cariñosamente que pincha con alfileres sin llegar a tocar hueso, no confundir con putón verbenero

 

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