CHOVE EN SANTIAGO

 

chove en santiago

Llueve y busco donde cubrirme. La rúa Entremuros es larga, torcida, estrecha; hay bares nocturnos situados en sótanos empedrados, de los que te van indicando el camino con luces de led, no son muy recomendables pero son el refugio más cercano.

-Lo siento, tíos, a mi no me van las pollas.

Es la primera frase que dije al entrar y verme abordado por dos clones de Yastin Biber, baboseaban por carne fresca en aquel ambiente de promiscuos aburridos.

La música correcta. Nada de Billas Pipol ni Britni Espirs. Adele canta bien, pero después de varios meses de número uno ya va siendo hora que le contagien unas paperas. Aquí ataca Markay la percusión y Dani Royo jura que ya no quedan más princesas, aunque anda muy equivocado porque esto está lleno de princesas que buscan a otras princesas, de príncipes que olvidaron su corona haciendo cruising en los baños públicos de un centro comercial.

Seguramente todo el mundo se ha hecho fotocopias del culo alguna vez, y en aquel garito tenían instalada un Xerox al lado de la máquina del tabaco para que quien quisiera se inmortalizara las nalgas en directo. La gente jaleaba y animaba al atrevido que se quitó los pantalones, se bajó los calzoncillos y se sentó directamente sobre el vidrio. La luz estroboscópica del aparato flasheó y recorrió varias veces su trayecto, unos dos palmos, luego empezaron a salir folios con la silueta diapositivizada de las nalgas, el cristal empañado distorsionó la imagen y aquello no era un culo, parecía un mapa sísmico con dos maremotos siameses en blanco y negro. El ojo del huracán ya saben dónde queda.

Los dos rubios con pircings y repeinados se apropiaron de una copia entre miradas de complicidad disimulando entre la gente, -sospecho por su posterior cara de felicidad que se fueron al baño a pajearse- después siguieron atacando a diestro y siniestro. No saben que de uno en uno tendrían más éxito, el trío es una cosa que se ha de hablar tranquilamente, no puede ser de sopetón.

Afuera seguía lloviendo, es lo que tiene el principio de los veranos en Galicia. El albariño en vaso de plástico hace de las suyas y acabo por echarme unas risas con los gemelos busca-rollo. Son traviesos y simpáticos, se saben mil chistes de mariquitas, con la sutil diferencia que en su versión los heteros siempre somos los pringaos, los hazmerreir.

No sé si fue el orujo helado, los cigarrillos de varios componentes, o mis ganas de hacer algo diferente, pero el caso es por la mañana temprano mientras las princesas ocupan su puesto de cajera en el Gadis, mientras Zipi y Zipi archivan juicios perdidos en Fontiñas, los coches de media ciudad amanecieron con una fotocopia de mi culo atrapada en su limpiaparabrisas.

 

 

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