ESCACS (casi palíndromo)

Estoy empezando a tener miedo. Desde hace unos días me siguen, me acechan, me importunan; son varios y desconozco sus intenciones, pero mi intuición femenina me dice que no son buenas. No hay derecho, no estoy acostumbrada a esta situación.

¡ A mí, que siempre me han tratado como a una reina, no me pueden acosar de esta manera !

¡ A mí, que tengo catorce apellidos aristocráticos, no se me puede hostigar así !

Ellos son tres extraños que aparecen de improviso y están en todas partes; en la cola del supermercado, en la puerta de la peluquería, en la recepción del dentista. No hay manera de despistarlos. Uno es bizco y camina siempre de lado; el segundo tiene un peinado extraño, con crestas, se dirige en linea recta hacia mí avanzando muy deprisa; y seguramente el más peligroso es el tercero, tiene una larga melena y trota como un borracho, empieza derechito y al segundo paso tuerce a un lado o al otro, es imprevisible.

Por suerte a unos pocos metros, por delante, siempre hay unos niños africanos entorpeciendo ¿casualmente? a mis perseguidores, se pasan el día jugando con una pandilla de acondroplásicos albinos. Hay momentos en que se mueven y otros en que no, como si estuviesen apostando en una rayuela desacompasada y lineal. Los malditos enanos blanquitos hacen trampas, creo que se comen a mis negritos. Cada vez me quedan menos.

Hoy ya ha sido lo peor de lo peor. Algún anónimo se ha metido en mi bitácora y ha comentado: Blancas juegan y ganan.  Al contárselo a mi marido no me ha hecho ni caso, ha seguido afeitándose su barba azabache y tarareando esa ranchera de José Alfredo Jiménez, una y otra vez, que me saca de quicio:

Con dinero y sin dinero 
hago siempre lo que quiero
y mi palabra es la ley,
no tengo trono ni reina,
ni nadie que me comprenda
pero sigo siendo el rey.

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