INDIGO

Cientos de niños índigos aparecieron varados en las playas de Sinaloa, los equipos de primeros auxilios trabajaron durante horas esforzándose en resucitarlos; sin éxito. El siglo pasado fue un problema con las ballenas, ahora -extinguidas éstas- han sido relevadas por el siguiente eslabón en la cadena de la inteligencia emocional.

Al amanecer, en la bahía de Topolobampo, los pacientes pescadores de peces espada apilan sus arpones y contemplan el espectáculo improvisado de ver emerger adolescentes, uno tras otro, con la mirada perdida, la piel añil y dando las últimas bocanas al aire salado del Mar de Cortés, para concluir su travesía suicida con unos estertores sobre la arena coralina. Cormoranes y garzas sobrevuelan sin saber bien lo que sucede. Este pasado invierno ha ocurrido más veces que en años anteriores.

 

Irrefutable ley universal: El final es un hermano gemelo del principio.

 

Los muchachos, hartos de ser escupidos en el patio del recreo, liberan a sus mascotas, ya sean dragones de Komodo o petirrojos de la Guyana. Cansados de pintar corazones de tiza en la pared entablan relaciones astrales con extranjeros que desconocen las palabras negativas.

Dejan de comer carne, vegetales e insectos para no propagar las bacterias de la malquerencia y del odio. Se alimentan de números autistas, de los ceros y de los unos sobrantes en los experimentos binarios. Apagan los televisores y escriben las coordenadas geoposicionales del cometa Halley sobre los caparazones de las tortugas de Carey. Un contrasentido.

Viajan en autobuses plateados Greyhound con un único destino: los puertos de mar. Saltan desde el muelle hasta el agua para empezar a nadar sin rumbo, como brújulas analfabetas, mientras gatos de cristal adelantan las horas silentes del apocalípsis.

 

En el instante preciso de caer al mar sus ojos no muestran miedo.

 

A los niños índigos les han robado todo, les han robado hasta el miedo.¹

 

 

(1) Aquí tenemos un enmascarado sujeto elíptico al que  se le puede poner cara y nombre: la sociedad, el sistema.

 

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