SABANAS SUCIAS

Este lunes me desperté confundido y con la boca confitada. El domingo concluía y acechaba una noche más de insomnio, pero esta vez fue placentero, dormí poco pero de una manera acompasada.
Lo extraño fue despertar con un regusto en la boca a melocotón y azafrán. Y las sábanas sucias.
Ahora que ya llegó el calor duermo en pelotas, por lo tanto las manchas en las sábanas fueron debidas a una polución nocturna, cosa que no me pasaba desde… ni recuerdo cuándo. Busqué el origen de todo eso en mis sueños hasta que di con él. Había soñado con un cuerpo, con una mujer de senos adolescentes y coño de funambulista, con una mujer de lenguaje lascivo y bemba provocadora. Seguí desmadejando el sueño a pesar que el muy cabrón desaparecía cuanto yo más intentaba visualizarlo: tuve sexo con esa mujer aunque estoy convencido de que ni siquiera llegamos a follar, fue sexo de caricias y lametones, fue sexo de abrazos y palabras. Mi lengua y su lengua buscaban y encontraban todos los agujeros de nuestros cuerpos, mis manos y sus manos se aprendieron las virtudes y los defectos de nuestras pieles. Dibujamos un mapamundi post-colombino a través del tacto, yo intuí el canal de Panamá entre sus tetas y la fosa de las Marianas bajo su pelvis, ella se encargó de erigir y coronar los varios ochomiles que emergieron aquella noche.
Y todo esto sucedió en unas pocas horas de sueño, en un terreno liberado  y alejado de cualquier legislación.
Jamás pensé que unas imágenes o unos recuerdos me provocarían excitación onírica. A mí es fácil ponérmela dura, lo reconozco, con fotografías, con palabras, con acentos, con pensamientos; cualesquiera de esas armas femeninas es capaz de empalmarme, pero hasta ahora ninguna mujer se había metido dentro de mis sueños.
Ahora ya es tarde para prohibirme que la piense, ya no es cosa mía ni de mi polla, ahora es cosa de mis sueños, y ahí no mando yo.

Un hombre-niño sigue pidiendo con insistencia que alguien le dibuje un cordero mientras un zorro se relame tras las dunas. Creo que en este caso el cordero fui yo.

mapamundi

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14 comentarios en “SABANAS SUCIAS

    • El brillo de una estrella se mide por la luminosidad de su órbita (creo), ¿de cuantos lux estaríamos hablando si comienza a iluminar desde los lands tedescos hasta las orillas del Mediterráneo?
      (con esa respuesta puedes ganar el Pasapalabra)
      😉

      Me gusta

      • De lux no entiendo mucho porque suelo paser con los ojos cerrados (por miedo o por exceso de cansancio) pero hay brillos que se miden en la eternidad de la comisura de una boca. En forma de suspiros eternos.

        Yo siempre fui más de enanas blancas, gigante rojo.

        Un abrazo

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