EL NEGATIVO

 

Come here baby, you know you drive me up a wall

Me contaron la historia en cinco minutos de un martes por la tarde. Una historia tan sencilla y habitual como cualquier otra. El jueves la historia seguía dándome vueltas en la cabeza, era como esas canciones de los noventa que a veces suenan por la radio y te acompañan todo el santo día. Hoy miércoles de una semana después no he conseguido sacarme todavía el tema de la mente, por eso la escribo, para exorcizarme. Y como bien manifiesta Ariel porque no me queda más remedio, porque me intoxico si no me saco la tinta de las venas cada cierto tiempo

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Girl, you got to change your crazy ways. You hear me?

Es la típica y tópica historia de dos amantes, cada uno con su mundo particular. Ella veintitantos cerca de treinta, él ya había conquistado de sobra cinco décadas. Ella alojada en su apogeo como mujer, con unas tetas perfectas y unas caderas como para construir un refugio nuclear y esperar allí a que nunca cesen las guerras; él un poco más percudido, gambeteando al colesterol y al ácido úrico, peinándose a contracorriente cada mañana para disimular una alopecia cabrona. Ella con unos ojos árabes que hipnotizan, él con unas ojeras de no dormir desde que Sebastián Elcano estuvo de farra con los patagones. Ella con sangre picunche circulando por sus arterias, él medio chango y medio ni se sabe. Seguro que algún espabilado con estudios, al observar la diferencia de edad, viajará hasta Jung e identificará el complejo de Electra, o a la destructiva Lolita o al sonso de Pigmalión. No tiene ni puta idea. Las relaciones entre personas son lo único aleatorio e ingobernable de esta vida.

 

That kind of loving turns a man to slave

Desconozco exactamente los comienzos de esa relación aunque seguramente sea lo de menos, solamente sé que ambos se atraían y que a pesar de estar en órbitas diferentes -distintos matrimonios, distintos empleos, distintas vidas- coincidieron en una misma cama. El nexo común entre ellos es el sexo, eso sí lo tengo bien claro. No hay nada más incombustible en este mundo que el sexo, ni creencias religiosas ni ideologías políticas, ni reacciones químicas descontroladas ni colisiones de átomos acelerados; nada, pero absolutamente nada, tiene más empuje que dos animales encelados. Ella es de esas mujeres que folla como si se fuese a morir mañana, y él es de esos hombres que no conocen la palabra  prisa. Los productores alemanes de porno bizarro se tapan los ojos en cuanto ellos se quitan la ropa. El dolor es parte del placer, y con esa premisa convertían los inviernos australes en primaveras de varias horas.

 

That kind of loving sends a man right to his grave

Cada sábado de madrugada el país es santiguado por dos terremotos, uno comienza en San Marcos de Arica y termina en el estrecho de Magallanes, el otro es una cremallera que va desde El Tabo hasta Trapatrapa. Sin embargo ella es inmune y sigue durmiendo, la gente llora, grita, se desespera. Ella no. Pucha que fome, murmura, y se arrebuja entre las sábanas a dejar que pase el seísmo. A santo de qué le van a molestar unos corrimientos de tierra, son una memez comparado con los cataclismos telúricos provocados por sus orgasmos; ella y su amante han cuarteado la cúpula celeste trece veces este mismo mes; los chupones en su cuello y en su culito de potra salvaje hubieran bastado para desecar el Pacífico, el néctar torrencial que llovía de sus bragas en momentos de clímax hubiera podido desbordar el Amazonas.

 

That kind of loving make me want to pull down the shade

Todas las historias de este tipo acaban mal, muy mal. Generalmente alguno de los cónyuges ajenos se cansa de soportar el peso invisible de las cornamentas y desbarata la armonía establecida. Aquí no fue así. Todo empezó a desmoronarse rápidamente después de un lustro. Él dejó de acudir a las citas programadas con la excusa infantil del olvido, dejó de enviarle whatsapps aduciendo ignorar el funcionamiento del teléfono, trastocaba las fechas de natalicios y defunciones, ya no le decía suavecito al oído mi puta rica en los instantes de fogosidad, ahora la llamaba María Engracia Fuensanta, el nombre de  una bisabuela paterna nacida doscientos catorce años atrás. Una desidia del copón se había instalado entre ellos en cuatro días. Un tiempo después el amante ya no apareció más ni volvió a contestar a sus llamadas.

 

That kind of loving now I’m never, never going to be the same

Ella regresó a sus rutinas cotidianas, cocinó el plato preferido de su marido, preparó las fiestas de cumpleaños de sus chicos, enmarcó los dientes de leche del más pequeño y se compró unas enormes gafas ahumadas. A ella le ha quedado una mirada como de estar esperando el fin del mundo y no quiere volver a ver nada que no pertenezca a su círculo de confort. Se levanta por las mañanas con las mismas preguntas enredadas en el pelo: ¿por qué se ha ido? ¿se aburrió de mí? ¿Ya no se le ponía dura? ¿dónde va a encontrar un lujo como yo? Preguntas que nadie puede responder.

Hoy, muchos años después, ha dejado morir de hambre a las incógnitas, simplemente suspira un deseo: Ojalá no te puedas olvidar de mí, viejo cabrón.

 

 

I’m losing my mind, girl, because I’m going crazy

En la otra punta de la ciudad, en la octava plata de un edificio aislado, un grupo de ancianos miran sin mirar a través de las ventanas, una mujer vestida de enfermera también los mira sin verlos. Algunos andan con bastones, otros permanecen en sillas de ruedas, pero todos tienen algo en común, son enfermos terminales de Alzheimer. Ya han perdido el habla y la coordinación, se mean y se cagan encima, toman papillas de bebé cinco veces al día porque ni siquiera recuerdan como se mastica. Un televisor parpadea imágenes en diferido de los terremotos, el volumen en mute, y uno de aquellos vejestorios impedidos gira sin cesar su cabeza de un lado a otro, le llaman el negativo, porque parece que siempre está desaprobando cualquier cosa con ese movimiento repetitivo de la testa. En realidad es un truco que ha encontrado el pobre desgraciado para no perder sus últimos recuerdos, sabe que si agita constantemente el caldo de zanahorias en que se ha convertido su cerebro pueden permanecer a flote sus tesoros más preciados. Entre la sopa turbia que se cuece dentro de su sesera reaparece aquella mujer que un día le hizo entender el misterio de la Santísima Trinidad a partir de un buen polvo; aquella mujer que para volar no necesitaba tatuarse mil mariposas en la espalda, no más necesita un trozo de cielo; aquella mujer que con una sola mirada de gata en celo enderezaba el mástil de su vieja nao, aquella mujer a la que renunció voluntariamente antes  de que una hijaputa y prematura demencia senil lo hiciera a la fuerza.

Crazy, crazy, crazy for you, baby.  You turn it on, then your gone

Poceluis

 

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33 comentarios en “EL NEGATIVO

    • Fíjate que desde un principio quise dejar de lado el acto heroico del protagonista masculino, dibujé someramente los rasgos físicos y casi ninguno de su personalidad, solamente un párrafo final para desarrollar el porqué de su huida. Me centré más en el desencanto y en la duda de la parte femenina.
      Veo que no lo he conseguido.
      Agradecido por la lectura.

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  1. “Dicen que la distancia es el olvido…”
    Esto más que un (estupendo) relato de (des)amor me parece fruto de un secuaz de Love:
    Lovecraft. El alzheimer me ha siempre parecido una forma atroz de marcharse de este mundo. Un placer leerle, don Insomne.

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  2. No seria tu estilo si no escribieras el ultimo parrafo. Siempre dejas las cosas bien claras. Perdon, no he entendido … ¿la categoria, como la has etiquetado? Supongo que ” psicoanalisis” , entonces la deuda sigue pendiente de pago. Haces pausas en escribir…pero merece la pena de esperarte. Un beso

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  3. ¡Madre mía!…cada vez que vengo me voy acomplejada. Si no fuera por lo que me gustan tus historias, no aparecería por aquí, que me da envidia y voy a ir al infierno. Es un miedo primario eso de desaparecer un día y que nadie sepa lo que te ha ocurrido, ni por que, ni si te van a recordar, o querer …. Uf, ¡que miedo!

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  4. Dan ganas de llorar, de lo triste pero sobre todo porque en parte es la realidad de la vida y porque algunos vamos conquistando la cuarta década de nuestras vidas y en ocasiones nos preguntamos si nos volveremos a enamorar (de alguien más) y sobre todo cuantas cosas de las que ahora recordamos terminaran en el olvido, quizá olvidar cuando puedes aún recordar es más cruel. Como siempre compadre eres un pinche genio para escribir, un abrazo cabrón y aún recuerdo que por alguna razón te quiero

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