un té con draupadi

 

MALENA

 

Ha trascurrido un suspiro en la vida del planeta -más o menos veintiún siglos- desde que nací en Magdala, un moridero de almas perdido entre el Tigris y el Éufrates, Se me conoce como María Magdalena por haberme criado en sus calles; pero me gusta más que me llaméis Malena, un nombre que suena dulce y triste porque es un nombre de tango.

Dice la historia que fui santa, pero no es cierto.

Quizás fui santa porque no robé cuanto pude, y no engañé a quien me engañó. Pero no tanto como Doña Marina –La Malinche– que engatusaba a Cortés con su palabrería náhuatl para minimizar el genocidio conquistador sobre los mayas.  Y mucho menos santa que Alfonsina Storni, que abandonó a su marido, abandonó a su amante y abandonó su vida pacífica y estereotipada; se quedó únicamente con sus dos pertenencias más sagradas: un hijo único ilegítimo y la poesía.

Dice la historia que fui prostituta, tampoco es verdad.

Quizás fui ramera y me vendí para conseguir cobijo y alimento, pero no tanto como Cleopatra, que rindió su imperio -junto a su culito faraónico- a los pies de un César loco, guerrero y bárbaro. Y mucho menos zorra que Isabel I ¿la católica?, que abrió su lecho y sus piernas a un aragonés beligerante para proteger y agrandar un reino.

Dice la historia que fui adúltera, pecadora, y no sé cuántas cosas más. Mentira, mentira, mentira. Quizás fui todo eso y quizás no lo fui.

Dicen que amé a un mesías, que nos amancebamos, que cuidé de él, que lavé sus miserias, que decoré su muerte, que asistí a su resurrección desde la fila reservada a los vips.

No.

Simplemente agradecí a un hombre que sacara de mí a los siete demonios que me mantenían ciega e impedían hacer mi revolución, que me enseñó que todos tenemos derecho a tener los mismos derechos, que me abrazó sin ningún ánimo oscuro, que me demostró que hombre y mujer es lo mismo; que podemos ser mejores o peores, pero iguales.

La única verdad es que nací en una época en la que ser una mujer o cubo de basura era exactamente lo mismo: un sitio donde los hombres tiran todas sus mierdas.

Desde el tiempo de los monos ser mujer es el último grado, los incendios y los deshielos tienen mucha más importancia que nosotras. Por eso nada más salir al mundo se nos confiere el pluriempleo como modo de vida: enfermera, nurse, cocinera, amante, limpiadora, etc.… y lo aceptamos.

¿Por ignorancia? ¿Por sumisión? NO. Por sobrevivir.

Pero la Historia, hecha por y para los hombres, escrita, tachada y vuelta a reescribir por los hombres, sigue igual. Desde no hace mucho conseguimos el sufragio universal, ¿para qué? La mayoría de candidatos son hombres que promulgan leyes en su favor. Desde hace menos tiempo tenemos remunerado nuestro acceso al mercado laboral, ¿para qué? Seguimos acarreando nuestros pluriempleos ancestrales y con salarios porcentualmente más bajos que nuestros congéneres masculinos.

Alguien dirá que todos estos argumentos son pura demagogia y que serían fáciles de rebatir. Alguien podría decir que no, que todo ha cambiado, que en la actualidad las cosas se han enderezado. ¿Seguro? Si miran detenidamente cualquier rincón del mundo encontrarán algún caso de discriminación, de abuso, de doble rasero.

Somos la pared maestra de todas las civilizaciones, y solamente se les ocurre venir a mearse en los cimientos. Somos la pintura indeleble de ese lienzo permeable que es el progreso, y solo se les viene a la cabeza contaminarla y diluirla. El hombre promueve batallas, declara guerras y la mujer posee la fábrica inagotable de la vida, declara armisticios.

El hombre forja doctrinas, concibe liturgias, edifica iglesias, luego esclaviza mujeres a pan y agua para que laven sus ropas, para que adecenten los edificios, para que se arrodillen ante los iconos. Ha ocurrido no hace mucho en los conventos de la Magdalena allá en Irlanda (tiene guasa que haya sido en la propia congregación que lleva mi nombre donde ha sucedido; Maggies llamaban a estas pobres)

El hombre inventa Facebook y Facebook cierra el perfil de cuatro activistas tunecinas del movimiento FEMEN porque las considera terroristas y pornógrafas, y lo único que han hecho es pintarse la piel con tinta acusadora, lo único que han hecho es quitarse la camisa delante de algún prohombre arcaico y sometedor, lo único que han hecho es pedir la igualdad que les pertenece. No me fío de una empresa que cierra las cuentas de sus clientes por el simple hecho de levantar la voz. Siempre supe que Zuckerberg era un pajillero que se pasaba las noches frente al monitor mirando videos para adultos solitarios, videos para hombres que no saben relacionarse, por eso inventó el rollo ese de amiguearse en la distancia.

¿Todavía piensan que el mundo ha cambiado?

No cambiará nada hasta el día que no cambiemos todos nosotros.

 Anibal Troilo -MALENA-

 

(.)

En los libros se me conoce como María Magdalena.

No soy santa. No soy puta. No soy pecadora.

Me llamo Malena.

Soy mujer, y cometeré los mismos errores que un hombre.

Soy persona, y tengo las mismas necesidades que cualquier otra.

(..)

Si quieres mentiras no contrastadas sobre mi vida, pincha aquí: (wikipedia), un gran cementerio de memoria.

Si quieres aburrirte con fábulas inventadas, pincha aquí: (la biblia),  una gran novela de ciencia ficción.

 (…)

 

si dios fuera mujer no se instalaría
lejana en el reino de los cielos
sino que nos aguardaría en el zaguán del
infierno
con sus brazos no cerrados
su rosa no de plástico
y su amor no de ángeles

Mario Benedetti

 

Barcelona, 2013, entre flores de canela.

 

 

NATI

Nati es de barrio, pero de barrio alto, donde los autobuses no llegan porque no hay asfalto.

Nati es una milf como Dios manda, siempre y cuando Dios sepa apreciar unas tetas matriarcales increíbles y un culo de ésos que hay que recordar con la imaginación en las estaciones de sequía.

A Nati la conozco desde siempre. Me gusta ver cómo endereza las frutas bien dispuestas en sus cajas: las más lustrosas arriba, las menos hermosas abajo, y las marchitas camufladas entre ambas, para que se acostumbren a ser más de lo que deberían.

Nati es minuciosa, ordenada y detallista, no deja nada fuera de lugar, “una cosa para cada sitio y un sitio para cada cosa”, ante cualquier situación se le cae un refrán de la boca.

Nati se entretiene sobremanera con varias hortalizas: la berenjena, el calabacín y el pepino; los cuida y los mima como si fuesen cristal de Murano o porcelana de la Cartuja, como si temiera su quebranto al más mínimo maltrato. Mientras los acomoda en hileras imperfectas va rezando en voz muy baja y para sus adentros: mi escipión, mi masai, mi navío unirremo…

Años más tarde supe que había tenido un amante senegalés que la hizo muy feliz. Aquello sucedió en una época en la que no hacían falta pasaportes para venir nadando desde África hasta Europa, una época en la cual las fronteras solamente eran un trazo en el suelo que los niños habían dibujado en la arena con un palito…

Barcelona, 2013, viviendo en mundos ajenos

 

SAN SEBASTIAN

 

El nuncio general del Vaticano estaba preocupado, preocupadísimo. Un ejército de arzobispos octogenarios corría nervioso por las catacumbas del palacio apostólico.

Nunca antes, o por lo menos en los últimos dos milenios, se habían padecido tantos errores evitables; siempre hubo altibajos en la jerarquía del conocimiento eclesiástico, pero esta vez era el propio pontífice quien comenzaba la escabechina. Y el camarlengo lo dejaba hacer, no se oponía en absoluto, había aprendido la lección. Un nuevo Papa es como un nuevo presidente de comunidad de vecinos: tiene una prisa enorme por arreglar lo que no es posible, y las cosas verdaderamente importantes las deja en el cajón del ya-lo-miraré. Al camarlengo siempre le fastidió su cargo, una especie de Papa suplente que nunca llegará a ser titular. Jamás debió aceptar el trabajo, en la vida llegaría a ser el mandamás de aquel regimiento de prosélitos convencidos.

El cónclave cardenalicio se reunía el primer viernes de cada mes para enumerar las victorias y las derrotas contra Satán, ese enemigo invisible y perpetuo. El último Papa –hombre, blanco y occidental- de esta centuria asistía a esos encuentros con desinterés, asentía con un gesto de cabeza a las preguntas que no le formulaban, memorizaba los rezos cantados que ya no tenían sentido, y miraba con desgana la maravillosa cúpula de la capilla Sixtina, que un lejano antecesor mandó pintar únicamente para tener entretenido al pesado de Miguel Ángel, y también aprovecharon los andamios para reparar las goteras que le andaban jodiendo los vestidos ceremoniosos de la liturgia ancestral.

Parecía que el sumo pontífice estaba en Babia, que chocheaba a pesar de no ser tan mayor como sus antecesores. Él, gaucho, arrabalero, predecible, rompió la tradición secular de hablar en latín preguntando a todos en un perfecto esperanto, con una ligera dicción porteña que tiene a muchas de las novicias encandiladas:

- Kial la pastrij de Boston, Sídney, Múnich kaj mezo mondo s’delectas sekse kun knaboj?

¿Por qué los sacerdotes de Boston, Sídney, Múnich y medio mundo se están deleitando sexualmente con niños?

 

- Kial en mia muro de la factbook iu skribis: vi ne venas al mia kolegio al pregui kaj mi ne iros al vian kirkon al pensi?

¿Por qué en mi muro del facebook alguien ha escrito:” no vengas a mi colegio a rezar y yo no iré a tu iglesia a pensar”?

 

- Kial m’sndu smss demandante min l’horo d’alvenita de l’aviadillo papal plena d’humana helpo por África?

¿Por qué me envían smss preguntándome la hora de llegada del avión papal lleno de ayuda humanitaria para África?

Un miedo obispal barrió todo el claustro, se nublaron las vidrieras de colores, la madera de los confesionarios crujía dejando escapar secretos y vergüenzas, se anunciaban suicidios colectivos de monjes en cualquier momento, temblaron hasta los fondos reservados del banco Ambrosiano. El nuncio general, viéndolas venir, estuvo rápido:

-Santidad, hace alrededor de dos mil años que no vemos al Jefe. Es como si alguien lo tuviera secuestrado y andamos a la espera de la nota de rescate. Llevamos toda una eternidad esperando alguna noticia sobre su paradero. Y por si fuera poco tenemos demasiada competencia, hoy día cualquier hijo de vecino se inventa una religión y capta adeptos con una simple emisora de televisión, es TAN fácil. Dios está desaparecido y no sabemos dónde encontrar un substituto de su altura…

El santo padre dudó, meditó, caviló y finalmente resolvió en un profundo y contundente español, con ese musical acento italiano que tiene a los seminaristas derretidos:

– me lo buscan, coño.

El silencio fue más silencio. El miedo fue más miedo. Y el camarlengo se cagaba de la risa interiormente. Hasta que alguien -creo que fue un cura de barrio que permanecía trabado por dos de esos suizos borrachos que vigilan las puertas con un plumero en la cabeza- levantó la mano y comentó:

– Yo sé donde está. Desde mi parroquia de Orcasitas lo veo aparecer y desaparecer cada mañana, a la hora del ángelus más o menos. Es en el cruce de la M-40 con la carretera de Toledo. He intentado rastrearlo, pero se me pierde entre los aparcamientos de un polígono industrial.

N del A: a estas alturas del argumento debería utilizar algún conector textual e incluir un párrafo final, donde desarrollaría un desenlace creíble a partir de las palabras del último personaje. Pero vamos a confiar -al menos por esta vez- en Nati y en su sabiduría popular proveniente del refranero: “una imagen vale por mil palabras”.

SEBAS

Sebas, el camionero que secuestró a Jesucristo

Amaro, Donosti, 2013