Siempre quiso llamarse Ditirambo Harper, dominar las rutas ilícitas de adormideras desde el Nuevo Mundo hasta la vieja Europa, y caminar lleno de oro por la Ocho de la Pequeña Habana con un dóberman psicópata que atendiera por Bukowski.
Pero se llama Antoñito Palmer, hijo bastardo de una kelly levantina y de un guiri perialcohólico, engendrado mientras pernoctaban desmadrados en el cuatro estrellas Papa Luna de Peñíscola. Toni trabaja de chofer llevando gente en un Dacia moribundo desde Manises hasta la Malvarrosa, y tiene un gato obeso que duerme 24/7 y lo llaman Mambrú. Lo llaman pero no acude.
Antoñito, Toni, Tonet, un taxista che que de joven prometía y ahora, cincuentón, ya no cree ni en ojalás ni en promesas. Es un tío de los que hacen las cosas al revés y a lo grande: provoca un incendio para encenderse un cigarrito de yerbasanta., llora cuando ve llover por la tarde a contraluz y capaz es de inundar el valle del Nilo.
No consiente y descree de los dioses y de los diablos, pero a veces mira al cielo para tocarse el corazón y agradecer a Pau Donés que creara La Flaca,; y otras veces, cuando ve a cualquier policía, se agarra los huevos y murmura en siciliano: » Chi ti pozzanu !»
A todo ésto se suma el peso descomunal de ser el último depositario de las lenguas cuchíticas. Tales como el idioma universal de los cabreros con sus protofonemas vibrantes y fricativos; o el silbo gomero, que sobrevive como atracción turística y nadie, o casi nadie, sabe que un guanche puede escupir uno de sus ancestrales silbidos al océano, enjaularlo en una ola viajera desde África hasta América, sortear náufragos desnortados durante diez días, desembarcos de conquistadores medievales o huracanes traicioneros, traducirlo a cualquier viento que zumbe cerca del pombero guaraní para enojarlo, y acabar dejando preñada a una belleza selvática tolimense llamada Patasola.
Ahora anda medio enamorado de una caribeña que ni la ouija se atreve a pronunciar su nombre. Es una de esas mujeres que huelen a pólvora, que se pintan la raya de los ojos pasada de frenada, como una Nefertiti trasnochada con una sobredosis de pestañina….