ANATOMIA DE UN REMO

bcnonfire 001

 

 

Bendito sea el caos, porque es síntoma de libertad.

(Enrique Tierno Galván)

 

Todos permanecíamos sentados en aquel banco corrido de la comisaría; bueno todos no, faltaba Deolinda, pero estaba el resto de la manada: el Shin Chan, el Ukelele, los Blaumut, y yo misma, la Gata. Juntos, callados, desorientados. Un policía caminaba en línea recta a dos palmos de nosotros, muy despacio, con una mano se sujetaba la otra por detrás de la espalda y durante cinco segundos se paraba delante de cada uno para escanear mentalmente nuestra jeta. Cuando acabó con el último dio media vuelta y deshizo el camino. Aquel perro con uniforme bajó la vista al suelo y sin dirigirse a nadie en particular preguntó:

 

 -¿Cuándo coño tenéis pensado comenzar todo esto?

 

 

-EL REMO SE COMPONE DE TRES PARTES: POMO, PERTIGA Y PALA 

 

1) El pomo

 

Urbanística y socialmente parece todo muy fácil. La ciudad se divide en distritos y barrios,  la población en clases, en estratos,  y el porvenir en  etapas. MENTIRA, eso es lo que ellos desean, pero todo es muchísimo más complejo. La ciudad tiene sectores y territorios, con sus fronteras que cambian sin saber por qué, la población son tribus con jerarquías, con reglamentos. Y el futuro es una putada tras otra.

 

Además de todos esos grupos están las manadas. La manada no tiene normas ni territorio, es nómada, por eso mismo es más difícil destruirla. La manada no tiene ni código penal, ni código civil, ni leyes. Solamente existe una regla no escrita: si tú me jodes yo te jodo.

 

La ciudad por sí sola es un hábitat difícil y quienes la controlan solamente pretenden eliminar a quien no está bajo sus zarpas, y las manadas estorban; quieren exterminarnos. Les molesta que las manadas no se integren, que vayan por libre. A las manadas nos importan una mierda sus guerras de banderas o sus leyes anti-todo,  nos la trae flojísima si el/la alcaldable es un hij@deputa de traje azul o un hij@deputa de sudadera roja, nos la sopla la buenaventura del boom turístico o la sangría  salvaje de una T-mes (1), ni nos va ni nos viene que la esperanza de vida sea mayor o menor según la parada de metro donde te bajes (de Sant Gervasi  a Poble Sec pueden ser hasta diez años). Por eso mismo a veces es necesario darle una sacudida a la ciudad y ponerla del revés.

 

 

 

2) La pértiga

 

El Ukelele. Es un africano enorme, descomunal, con la fuerza de un elefante testarudo. No hace mucho que ha llegado a la manada, pero es de fiar. Camina renqueando porque el salitre marino mezclado con el queroseno de la patera donde viajó le ha dejado cuarteada la piel de los tobillos y de los pies; no puede correr. Tiene un nombre impronunciable por eso le llamamos Ukelele, años más tarde supe que esa palabra sirve para denominar a una guitarra hawaiana, pero a él le queda bien. A su madre, una senegalesa que los domingos se pone unos vestidos de flores imposibles para rezar en la iglesia animista,  la llaman la Tin iuro (diez euros) porque es lo que pide a las mamás turistas en la Barceloneta por hacerle unas trencitas de colores a las niñas, y también es lo mismo que pide a los papás turistas por chupársela en cualquier callejón detrás de la Boquería. Sé que Ukelele es de fiar porque conozco su secreto, tiene un bonsái entre las piernas a pesar de ser descendiente de zulús o de mandingos, y ese trauma le provoca un miedo terrible a quedarse desnudo y con luz frente a una mujer, por eso mismo es tan pacífico y letal, aguanta lo que le echen hasta que se levanta y te da el abrazo del oso, ese tipo de abrazos que te va dejando sin respiración y el cerebro no te permite coordinar una defensa en condiciones. A veces, pocas, cuando va muy justo de dinero, se va  a merodear por detrás del castillo de Montjuïc, siempre encuentra algún alemán  pedófilo despistado a quien darle su abrazo y robarle, el Mataleón lo llaman en el argot de los delincuentes. El Ukelele se lleva bien con los negros brasileros, con los negros haitianos, con los negros africanos, con cualquier negro.

 

 

El  Shin Chan. Es un chino de segunda generación, habla perfectamente español, catalán y mandarín. Está harto del todo a cien donde trabaja entre semana y  del restaurante japonés donde trabaja el weekend. Es un artista. De todos los que componemos la manada él es el único que sabe hacer algo creativo; con un cutter de plástico y acero sabe sacar un delfín de una zanahoria,  escribe letras capitalinas en el lomo de una sepia, hace aparecer una miniatura del Guernica en la cascara de una naranja, dibuja mapas inventados en una raja de sandía, o un croquis a mano alzada de la planta de la Sagrada Familia en un grano de arroz, sabe hacer figuras preciosistas en cualquier material comestible. Aprendió ese arte a base de decorar la guarnición de los platos del restaurante, pero se aburre de hacer siempre lo mismo. Creo que si hubiese tenido la oportunidad podría haber sido un  cirujano estético de los mejores, pero es chino y nadie se fía de los chinos.  Está en buenas relaciones con cualquier asiático de la ciudad.

 

 

 

Los Blaumut. Son dos gemelos gorditos marroquíes que no llegan a los catorce años. Un misterio rodea su nacimiento: por el volumen de la panza de su mamá -y por aquellas enigmáticas ecografías unidimensionales- todos aseguraban que de allí saldrían trillizos, pero finalmente aparecieron dos gemelos, silenciosos, de mirada azul intriga y pasados de peso. ¿Selección natural? ¿Instinto de supervivencia? ¿O quizás el augurio genético de que las pasarían putas en el mundo exterior? Nunca lo sabremos, pero yo creo que ése fue el inicio de un canibalismo encubierto: se comieron al más débil. Tienen nombres árabes muy parecidos (Mohamed y Muhammad) pero en  aquellos días estaba de moda un grupo musical llamado Blaumut y su canción del momento en youtube era pà amb oli i sal, que precisamente era el único alimento que les habíamos visto comer alguna vez. Deberían estar practicando algún Ramadán estricto y continuo, o por lo menos es lo que pensábamos, después a escondidas se pondrían ciegos a comer de todo, seguro. El primer día que llegaron se presentaron con sus nombres originales pero ante nuestra imposibilidad de recordarlos y diferenciarlos decidimos ponerles el sobrenombre de los Blaumut. De manera indistinta responden uno u otro, como si fueran un ente indivisible; ellos aceptaron el cambio de nombre de la misma manera que un ciego acepta que los colores tengan apellido: azul marino, rojo fuego, amarillo limón, verde botella. Los gemelos tienen una educación exquisita, siempre saludan y estrechan la mano, la misma mano que luego se llevan al corazón y susurran ‘salam aleikum’, sonriendo con esos ojos azul traición, aunque en realidad parece que digan ‘Te voy a arrancar los hígados para comérmelos mirando a la Meca’. Son indispensables en la relación de la manada con cualquier musulmán de la ciudad, sea del país que sea, también tienen contactos entre los hindúes, los pakis, los argelinos y en general cualquiera de piel oliva.

 

 

Deolinda. Es una gitana portuguesa y una pieza clave de la manada. Hubiera sido muy fácil ponerle un alias, cualquier apodo que hiciera referencia a su origen o a su raza  ya encajaría, pero tiene un nombre tan bonito que nadie fue capaz de imaginarse llamarla de otra manera. Ya se sabe que las gitanas son putas por naturaleza, pero eso no impidió que la aceptáramos, nadie es un santo entre nosotros. Se lleva bien con todos los clanes gitanos, desde Ciudad Meridiana a  L’Hospitalet, y desde Montbau a La Verneda, tiene lazos genéticos con los rumanos, trapichea con los rusos, se va de birras con los italianos y  habla de tú a tú con los filipinos. Deolinda es una gitana que todavía no ha parido, por eso conserva ese cuerpo voluptuoso, de caderas generosas, de tetas bailarinas, de sonrisa pícara. Deolinda siempre viste de colorines, pendientes de aro generoso, el pelo recogido en un moño alto y unos leggins de cebra, o de pantera, o de tigre, o de cualquier bicho selvático, unos leggins apretados que le hacen un culazo hipnotizador. Deolinda siempre va por su cuenta, sin más compañía que sus problemas, pero supe desde que la vi que nos hacían falta sus contactos para iniciar la tormenta del caos. Una noche de  tequilas sin limón y porros de amapolas saharauis hice lo que ya hacía mucho tiempo que tenía ganas, en un descuido de risas químicas metí mi lengua en su boca y mis dedos por delante de sus leggins, empecé a jugar con todos sus labios, cuando conseguí que sus humedades, tanto las de arriba como las de abajo, fuesen magma a punto de desbordarse entonces paré; me dijo de todo: guarra, calientachochos, puta, etc. Pero a partir de aquel día la tenía rendida. Son trucos de gata escarmentada.

 

 

 

Yo, la Gata. De mí debería hablar otro, solamente decir que no me gusta la cocacola, ni los peluches, ni pagar por cosas que deberían ser gratis. Que llevo el cabello corto y mis senos son pequeños, ambos pinchan si los acaricias a contrapelo. Que me gustan los helados de stratcciatella y meterme en la cama con personas complejas (lleven falda o pantalón). Que tengo sangre felina desde pequeñita, que salto y muerdo y araño antes de que el otro lo haga. Que no soy fiel pero tampoco traicionera. Que nunca tengo un plan B y por eso me doy de cabeza continuamente. Y que esta ciudad, o mejor dicho, la gente que la habita se merecen una segunda oportunidad. A mí me respetan los dominicanos, los colombianos, los ecuatorianos, los latinos, todos; saben que no soy como ellos pero podría serlo. Yo soy la encargada de pronunciar la palabra clave para que la ciudad sufra un tsunami de rebeldía

 

 

3) La pala

 

Si las cosas se hacen cuando toca es fácil que salgan bien. No hay que atacar a las instituciones, quemar un Starbucks o apedrear un Zara no sirve de nada. El Parlament, La Caixa o la Torre Agbar simplemente son edificios, simplemente son máquinas para hacer dinero. La gente es la que logra que funcionen sus engranajes, hay que evitar que la gente llegue hasta ellas, hay que evitar que nadie esté en su sitio, hay que evitar que el capital genere más capital. Hay que paralizar la ciudad.

 

Podría ser así:

 

Tiraremos sacos de yeso por los puentes que cruzan la Ronda de Dalt y la Ronda Litoral, leves accidentes de tráfico provocarán trombosis en esas dos arterias. Los africanos se pueden encargar, son fuertes y no tienen mucha conciencia del mal.

 

Ataremos cadenas entre dos farolas de calles estrechas en Gracia, Lesseps, Ciutat Vella y Arc de Triomf. Serán ratoneras para el transporte rodado. Ya tendremos micro infartos en varios puntos de difícil acceso. Los chinos pueden hacerlo, son discretos.

 

Prenderemos fuego a contenedores de basura en el Eixample, en Sants y en Nou Barris. Varios camiones de bomberos intentado moverse en una ciudad atascada multiplica por mil el tumulto. Los metaleros rumanos conocen de memoria la situación de todos los contenedores, ellos lo harán.

 

Twitter y Facebook también ayudarán. Extenderemos falsas noticias sobre derrumbes en la catedral, explosiones en el puerto, escapes de gas en la Zona Franca o incendios en las Ramblas. Cientos de curiosos intentarán desplazarse para ser testigos. Las mentiras mueren pronto pero corren mucho. Los pakis y los hindúes con sus locutorios serán los responsables.

 

Durante la noche anterior habrá que inutilizar todos los cajeros automáticos que se pueda. La gente sin dinero se vuelve loca, y los fabricantes de dinero más todavía. A los rusos les encanta romper cosas, adjudicado.

 

Entre seis y nueve de la mañana hay que parar el metro. Todos los vagones tienen un freno de emergencia; pandillas de  latinos se dedicarán a ello. Un reguetonero loco en cada convoy puede hacerlo, se atreven a eso y más.

 

Y lo más importante: descolocar y poner nerviosos a los del poder perpetuo. Se organizarán peleas multitudinarias entre moros y gitanos -ambos grupos raciales se tienen ganas- delante de cada centro oficial, en los vestíbulos de la torre Mapfre, en el Auditorio, en la Cámara de comercio, en el Bussines Center, en las entradas de los grandes hoteles. Batallas campales en la Plaza Catalunya, en la Estación de Francia, en la parada de taxis del aeropuerto, en la Plaza Sant Jaume;  allí donde se reúnan los que nos putean tiene que haber un jaleo de la hostia. Los Blaumut y Deolinda tendrán que poner en movimiento a todas las hordas de su raza para que se partan la cara en esos enclaves. Si combinamos etnias y violencia gratuita seguro que se cagan de miedo.

 

 

——————————————

 

 

Todo salió mal porque alguien se fue de la lengua. Los días anteriores a organizar el tempo y la cadencia de las acciones hubo batidas de la policía advirtiendo a las demás manadas que no tolerarían ni un movimiento fuera de orden. Deolinda tampoco aparecía. Mi instinto felino me lo recordó: Las gitanas son putas por naturaleza.

 

 


 

 

 

Que todo cambie para que todo siga igual.

 (Giuseppe Tomasi di Lampedusa)

 

 -¿Cuándo coño tenéis pensado comenzar todo esto?  No encontramos a la gitana, pero eso ya da igual. Ella me contó el cómo, solamente me falta saber el cuándo.

 

La pregunta se había quedado un buen rato haciendo eco en la sala, nadie respondía y aquel malparit murmuró:

 

-Putos críos anti-sistema...

 

Entonces, y solamente entonces, supe que habíamos ganado. Cuando te etiquetan o te catalogan sin conocerte es que andan perdidos del todo.

 

Y respondí con la palabra que daría paso al principio de su fin.

 

 –La barca empezará a moverse en cuanto un sólo remo toque el agua.

 

 

 

Provoca el mayor caos y alteración posible,

pero no dejes que te cojan vivo.

(Sid Vicius)

 

Mucho tiempo después nos encontramos a Deolinda cerca del campus de Bellaterra, seguramente se dejaba invitar a las fiestas de telecos para follarse alguno de aquellos universitarios prepotentes e inseguros, van armados con un Ipad y tabaco de liar, pero en el fondo son unos niños. Ella me sonrió con su picardía habitual y nos saludó hipócritamente, como si nada hubiese pasado, como si el chivatazo fuese una travesura sin importancia.

 

La manada no habló, no amenazó, no recriminó, no discutió. Actuó.

 

Yo salté como una gata sobre su cara, mi propósito era sacarle los ojos con las uñas, mi objetivo era morderla y arañarla, quitarle de la cara aquella hiriente sonrisa de traidora. Ella retrocedió y cayó sobre los brazos del negro, que la rodeó con ellos y empezó a unirlos muy despacito, Deolinda se ahogaba, le faltaba el aire, comenzó a ponerse azul. Sé que la intención del Ukelele no era asfixiarla, sé que esperaba a que alguno lo detuviéramos, pero nadie lo hizo. En dos  minutos de abrazo constrictor aquel sensual cuerpo de putón verbenero cayó inerte al suelo.

 

Y allí estábamos otra vez todos como al principio: juntos, callados, desorientados.

 

El Shin Chan se agachó junto a la gitana con esa postura típica de los chinos que parece que vayan a cagar, desenfundó su inseparable cutter y con metódica paciencia desmembró a la portuguesa en tacos perfectamente simétricos, luego se dio a elaborar en cada trozo de carne alegorías varias: signos del zodiaco, figuras del ajedrez, medallas olímpicas, esfinges egipcias, los diez mil guerreros de Xian. Desparramó toda la inspiración que nunca le habían permitido. Cerraron turno los Blaumut devorando, con su acostumbrado silencio, todos y cada uno de aquellos macabros canapés, no dejaron resto alguno.

 

 

Recordemos, una única regla: si tú me jodes yo te jodo.

 

 

 

 

 

Barcelona, marzo de 2015

 

 

(1) T.Mes. Abono de transporte público, el precio mensual es de 105 € para tres zonas, por ejemplo Mataró-Barcelona. En un contrato laboral de media jornada con un salario de 480 € supone casi el 25%, solamente para ir a trabajar a una mierda de fábrica.

 

 

Mi aportación a la segunda convocatoria de La Madriguera de Historias.

Ilustración del increíble Ache (Pau Alaña)

 

 

Anuncios

15 comentarios en “ANATOMIA DE UN REMO

digues la teva

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s